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"La
Iglesia defensora de la vida"
Entrevista
al Obispo de Neuquén, Marcelo Melani
Entrevistó
Pablo Meuli
Equipo
de Pastoral Social
Marcelo
Melani es obispo de Neuquén desde
el pasado mes de abril. Italiano nacido
en Florencia ("uno de los lugares más
lindos"). Llegó a la Argentina
-ya ordenado sacerdote- en mayo de 1971.
Fue
párroco en Esquel, en Bahía
Blanca, en Junín de los Andes
y en Bariloche.Alli lo encontró
su nombramiento como obispo coadjutor
de Viedma.
El 6 de abril asumió la animación
pastoral de la diócesis de Neuquén
sucediendo al obispo Agustín
Radrizzani. |
Pablo Meuli -integrante
del Equipo de Pastoral Social- nos ofrece
este reportaje.
PM.-
¿Qué encontró en la Argentina
del 71 a su llegada de Italia?
MM.-
Para mí fue descubrir un mundo nuevo
cuando llegué a Esquel, una localidad
en aquel momento muy escondida en la Cordillera
del Chubut, sin gran comunicación
con el resto de la Argentina. También
con la fuerte presencia de los hermanos
mapuches.
Descubrir
muchos de los valores que los pobres tienen,
mucha de su riqueza, como también
de sus debilidades y miserias. Nadie está
excluido de esa realidad, hecha de luz y
de sombra. En Esquel fueron los años
donde yo empecé a ser sacerdote y
empecé también a conocer un
mundo distinto.
PM.-
La Iglesia le ha pedido suceder a hombres
de gran talla: Miguel Hesayne, Jaime de
Nevares, Agustín Radrizzani. ¿Cómo
sintió ese deber?
MM.-
Yo estoy sólo sucediéndolos
y nada más. Las sucesiones comportan
un "riesgo", pero comportan también
algo ya hecho, hay un camino marcado que
uno puede seguir con facilidad. No es que
uno tenga que empezar un camino nuevo.
Por otro
lado cada uno tiene sus características,
su forma de ser, su trabajo.
Uno los
ve como "los maestros" que han enseñado
que vale la pena donar la propia vida por
el sueño de una hermandad, por la
defensa del derecho a la vida que todos
tenemos.
Se
trata de seguir esa enseñanza, que
es la enseñanza de Cristo, hecha
realidad en un momento histórico
difícil.
PM.-
La Iglesia y su trabajo con los derechos
humanos. ¿Cómo lo ve?
MM.-
Como uno de los deberes que la Iglesia tiene.
La Iglesia es defensora de la vida desde
que empieza hasta su muerte. Y por eso tiene
que defender los derechos que provienen
de la misma vida, los derechos de cada persona,
no en abstracto, sino en concreto. Tiene
que hacer todo lo posible para ejercer esa
defensa, denunciando los atropellos, buscando
caminos para que esos derechos sean reconocidos,
garantizados, en las leyes y en las conductas
de las personas, en forma particular de
las autoridades.
PM.-
Pérez Esquivel habla de "los desaparecidos
con vida" (sin trabajo ni vivienda ni educación
ni salud). . .
MM.-
Es una realidad muy grave en todo el mundo.
La economía nos ha llevado a una
miseria siempre mayor. Aún en los
países más desarrollados hay
bolsones grandes de miseria. Más
aún en el mundo del subdesarrollo.
Es una tarea muy dificil de revertir. Pero
yo creo que es posible que en la Argentina
se llegue a una distribución más
equitativa de las riquezas naturales que
el país tiene.
PM.-
Tenemos 20 años de democracia. Pero
la brecha entre pobres y ricos continúa
ensanchándose. ¿La democracia
podrá resolver esto?
MM.-
Creo personalmente que sí. La democracia
es un camino para poder resolver los problemas.
Pero hay que llegar de una democracia representativa
a una democracia participativa. Pasar del
hecho de ir a votar cada tanto, a una democracia
en la que uno participa activamente en las
cosas del país.
Tenemos
en esto sólo 20 años y es
muy poco. Creo que varios de los problemas
actuales dependen de eso. Una democracia
siempre interrumpida, teniendo que empezar
de vuelta. Por eso no hemos tenido una práctica
efectiva ni la posibilidad de un crecimiento
verdadero en el ejercicio de la democracia.
Ojalá
que podamos llegar a un tiempo más
largo, a un ejercicio más consciente
que haga posible un reparto de la riqueza
que se genera en el país.
PM.-
Ud. propone la renuncia de todos los gobernantes.
¿Alcanza para poder mejorar esta situación?
MM.-
No sé si alcanza. Puede ser un gesto.
Estamos en un momento único que precisa
algo que los obispos hemos identificado
con la palabra "inédito". Se trata
de un pedido para un momento particular.
Poner a disposición de los electores
todos los cargos. No tendría que
ser algo muy difícil. Si uno sabe
que se preocupó por lo que tenía
que realizar, por el deber asumido en la
elección, no debería tener
ningún problema en ser nuevamente
legitimado por el electorado. Los que piensan
diferente, quizás es sólo
porque no tienen nada para mostrar delante
de los electores. O sólo tienen promesas
que no han cumplido.
PM.-
Ante la gran concentración de poder
y de riqueza, ¿qué tenemos que
hacer como Iglesia?
MM.-
Continuar denunciando. Afirmando que no
es el camino para una humanidad nueva, verdadera.
Buscando todos los medios que la Iglesia
internacional -no sé si podemos llamarla
Iglesia universal- puede tener para cambiar
esa situación.
Basta pensar
en todos los esfuerzos que Juan Pablo ha
hecho para lograr la reducción de
la Deuda Externa de los países más
pobres. Conferencias, reuniones, largas
discusiones.
La
realidad quedó plasmada en poca cosa.
Se obtuvo alguna ayuda, se lograron algunas
acciones en beneficio de los países
más pobres.
PM.-
¿Y en Neuquén?
MM.-
Es lo mismo. Continuar con ese aporte. Suscitando
en los pobres la conciencia de que muchas
cosas se pueden hacer todavía, que
se puede encontrar un camino de mayor solidaridad.
Reconstruir la cultura del trabajo que se
ha ido perdiendo, para que cada uno sienta
que lo que trae a su casa es fruto de su
esfuerzo, de su imaginación, de su
capacidad, y que no proviene de la benevolencia
de alguien que quiere hacerle un favor o
que quiere tener a cambio un favor.
Crear una
nueva conciencia para que esa distribución
de la riqueza se pueda realizar.
Un trabajo
sobre todo educativo. Entre los pobres y
entre los gobernantes, entre la gente que
tiene mayor responsabilidad. Muchos de ellos
se declaran cristianos, católicos.
Que conozcan entonces los principios que
la Iglesia afirma. Así los podrán
poner en práctica.
PM.-
Y los laicos, ¿qué tenemos que
hacer?
MM.-
Antes que nada ser buen cristiano. Alguien
que se reconoce "hijo de Dios y reconoce
a todos los demás como hermanos".
Tratando de conocer un poco más a
ese Padre que le ha dado la vida, que lo
quiere libre, que lo quiere salvar de todo
mal. Un cristiano tiene que tener la costumbre,
el ansia, la necesidad de leer la Palabra
de Dios, de meditarla, de rezarla, para
poder comprender los caminos de Dios en
este momento.
Pero además
sentirse hermano de todos. No estar al margen
de la historia. Conocerla con todo lo que
ella quiere decir. En el campo social, económico,
de las relaciones humanas.
Y solidario
con los que están a su alrededor;
además de ser honesto en el desarrollo
de su vida concreta.
PM.-
¿Cuál es su propuesta para las
comunidades y para los equipos pastorales
de la diócesis de Neuquén?
MM.-
Trabajar en comunión. Es la invitación
de la Iglesia: vivir en comunión.
Y el obispo es un poco el centro de esa
unión, que trata de fomentarla siempre
más y de ser en los momentos principales
la voz que manifiesta esa unidad.
Pero no
puede haber unidad si no hay diálogo
previo y si no hay un trabajo de equipo
hecho en conciencia para descubrir en la
vida cotidiana la presencia de Dios, para
hacer resaltar esa presencia y defenderla
contra todos los que quieren silenciarla
o hacerla desaparecer.
Creo que
no hay otra posibilidad de trabajo que la
de la unión entre los distintos equipos,
con un fuerte intercambio de opinión
y de estudio de los distintos temas.
PM.-
El 8 de julio se realizó en la catedral
de Neuquén la Jornada por la Patria,
la paz y la democracia. ¿Cuál
es su evaluación de este gesto?
MM.-
Fue una vigilia de ayuno y reflexión.
Creo que muy positiva por la unión
manifestada por las iglesias participantes
en su preparación y ejecución.
Ha sido
una noche larga, fructuosa para todos los
que pudimos estar.
Es necesario
poder intercambiar entre nosotros, sobre
la base de la Palabra de Dios, todo lo que
podemos y tenemos que realizar.
Concluyó
con el desayuno. O sea, nos des-ayunamos
de que es posible un cambio efectivo.
Ojalá
que se pueda dar más veces en el
año, en otros lugares y en otras
provincias.
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